Testimonios

Cuando me hablaron por primera de Sonia, algo antes de conocerla, me dijeron: “te va a encantar, es una persona que hace cosas diferentes”. Siempre me estimula escuchar esto de gente que vive en mi ciudad, Huelva. Los que somos de aquí sabemos que las experiencias culturales y artísticas más interesantes hay que rebuscarlas bien, en los caminos más alternativos, que no siempre son los más accesibles por apartarse de la vías oficiales.

Y sí, tenían razón, Sonia Hermosín me fascinó desde el primer día que la conocí. Y yo a ella también le debí gustar porque enseguida se ofreció para venir de foto fija al rodaje de un corto que yo dirigía en esos momentos. Fue un buen debut de nuestra amistad. Resultado: dos mujeres onubenses haciendo cosas alternativas.

¿Pero por qué es tan especial el trabajo de Sonia? ¿Cómo es capaz de captar esos momentos únicos de la vida de los demás? ¿Por qué sus fotos nos dan un pellizco en el estómago? Pues la respuesta es sencilla pero a la vez profunda: porque a Sonia le apasiona lo que hace y además lo hace con valentía.

Lleva haciendo fotos desde pequeñita. Con ocho años le regalan su primera cámara de fotos y a través del objetivo empieza a entender de otra manera el mundo ante sus ojos, unos ojos muy especiales.

Destila la frescura de haber vivido en otros sitios. Lejos de aquí, en Estados Unidos y Holanda, y no tan lejos, en Granada. De hecho comparte su vida con un chico de Ámsterdam. Es una viajera incombustible, pero  también adora la naturaleza que la rodea aquí en su tierra. En su corazón hay un huequito muy especial para sus perros. Ama a su familia por encima de todas las cosas. Siempre se está moviendo. Y no sólo su cuerpo es el que hace deporte. Su cabeza no para. Siempre observando, siempre buscando, siempre aprendiendo.

Su trabajo es dinámico, sencillo y fresco. Es su excusa perfecta para hacer algo que le encanta y tan bien se le da: compartir. Es generosa, le gusta la gente, el contacto con los demás. Se acerca con curiosidad a aquello y aquellos a quien aún no conoce. Y con su cámara, en un rato, ya está desnudando esa realidad que le rodea y que se muestra tan distinta tras sus ojos. Por eso hace cosas diferentes, porque ve diferente; lo que otros no vemos.

Perfeccionista hasta la obsesión, deja sin embargo fluir los momentos en sus imágenes: sutiles, pero atrevidas y llenas de valentía. Es tímida, pero no para de hablar. También escucha atenta a lo que otros tengan que decir. Se lo toma como parte de su trabajo. Le gusta saber para después conseguir disparos certeros con su cámara.

Sobra decir que siempre tiene éxito asegurado en las exposiciones y muestras individuales y colectivas en las que ha participado. Y claro está, ya ha recibido varios premios. Pero ella sigue sin creérselo. A lo mejor en eso radica su arte, siempre alerta, buscando la belleza del momento que no vuelve y que ella sabe captar tan bien.

Admira la belleza y la verdad de muchos de los grandes: Frank Hurley o Alfred Eisenstaedt. Le inspiran, entre otros, Franck Juery, Alessandra Sanguinetti  o Ricky Dávila.

A mí me inspira ella.